Crónica LA FAMILIA DEL ÁRBOL en la Sala El Veintiuno (Huesca)
Crónicas
Escrito por Carlos Naval   
Domingo, 05 de Febrero de 2012 13:38

 

 

Un paisaje natural en medio de tu ciudad

 

La Familia del Árbol trasformaron la sala El Veintiuno de Huesca en un auténtico templo con su música delicada, lenta e hipnótica. Una suerte de reducto donde los escasos asistentes, aunque entregados, consiguieron escapar del frío y de las prisas, que hacen de la vida un tren que nunca se para por nadie. Allí, Nacho Casado y Pilar Guillén ofrecieron en formato acústico, o reducido, las canciones de su disco debut La Montaña y el Río, para degustar con mucho cuidado y, sobre todo, tranquilidad.

 

“La vida es tormenta y solo queremos dar calma”. Ese fue el mensaje que desgranaron vestidos con una camisa y un vestido estampado que hacían un guiño a unos años 60 de psicodelia y ácido. Pero su repertorio pop giraba en torno al mundo abstracto y metafórico de la naturaleza. Como una especie de vía de escape de la ciudad en pleno centro del Tubo oscense. Para que nos entendamos, si no componen sus temas en medio de la soledad de los mejores paisajes de su país, como Bon Iver, poco les falta para hacerlo.

 

 

 

 

El espectáculo comenzó igual que terminó. Con el delicioso fingerpicking de Mi preciosa amada y el ecléctico riff en loop de La montaña y el río, con la misma técnica interpretativa. Un carácter que les acercó a la tradición musical americana de John Fahey que tiene en Kart Vile su representante más actual. De hecho, con esta caricia sonora, fue despegando la actuación hacia un rasgueo más contundente y con una solidez sonora sorprendente para una formación tan pequeña.

 

A partir de allí, el público, hasta entonces algo paralizado, participó coreando el fantástico single ¿Tú me quieres? y más tarde dando palmas para marcar el ritmo mientras tocaban Bola de Nieve. Sobre el escenario, destacó la gran habilidad del cantante, guitarrista y compositor de la banda, Nacho Casado, que tiene una voz preciosa y una capacidad creativa que le permite montarse una pequeña orquesta con un pedal ‘loop-station’ que grababa y reproducía en bucle lo que tocaba. Por otro lado, Pilar aportó la pose sobre las tablas, a lo chica mala o musa inspiradora. No obstante, en ocasiones no consiguió dar la seguridad rítmica que dio estéticamente.

 

 

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De esta forma, acompañaron de la mano al público y lo introdujeron en el mundo onírico de sus paisajes sonoros. Aquí destacó de forma especial Lunárboles por su melodía embelesadora, un corte que no entró en su ‘vinilo’ de presentación. Los pocos afortunados que acudieron a la cita saben de lo que estamos hablando. Los que no, ya saben dónde tienen que viajar si quieren ir solos al monte sin abandonar la ciudad.

 

 

Redacción: Carlos Naval (twitter)


 

 

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